PLAZA DE ARMAS (Poesía)

Raúl Otero Reiche 

La Plaza de Armas con arcos triunfales
cerrando los cuatro puntos cardinales,
y cuatro faroles de cuatro vecinas,
cuatro los serenos en las cuatro esquinas.

En ella se daban cita los amantes,
los bultos y algunas vacas trasnochantes.
Cántaras y risas, todas las mañanas
secaban la pila las Samaritanas.

Al centro un quiosco donde se reunía
la banda de música de la Policía.
¡Retretas cruceñas! ¿Quién no concurría
si tenía novia, si no la tenía?

Después erigieron la Estatua, y al punto
cambió el panorama de todo el conjunto,
ni quiosco, ni bardas, pero en cambio un lago
minúsculo, en forma de algún endriago.

Más tarde cayeron entre enredaderas,
víctimas de hacha, lirios y palmeras.
Siguió el exterminio del jardín zoológico
que allí retozaba silvestre y egógico,
ni un cóndor cautivo, ni las gallaretas
pudieron librarse de las escopetas
que aunque no los hubo se las merecía
dicha memorable, total cacería.

Había que ver a los celadores
cosechando patos, urinas y flores.
Hoy día la Plaza de Armas se arrofalda
para estar de moda con la minifalda,
mostrando la curva de todo el vergel
y la geometría de un alto nivel.

¿A dónde se irán los viejos placeros
si también se han ido sombras y luceros?

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